bancarrota

3 cosas que haces mal y que te llevarán a la bancarrota

La bancarrota es un término bastante utilizado en el mundo empresarial para referirse a las empresas que no pueden hacer frente a sus obligaciones de pago y, como consecuencia, terminan quebrando y declarando impagos. Desgraciadamente, este concepto también puede trasladarse a las familias o economías domésticas.

En el momento en que los gastos de una familia son mayores que sus ingresos, existe un problema grave. Si esa situación se alarga en el tiempo y no se pone en marcha un plan económico de choque, esa familia puede terminar arruinada y en bancarrota.

Quizás te preguntes cómo es posible llegar a una situación tan grave. La respuesta es más sencilla de lo que crees. Muchas veces se hacen cosas mal con el dinero pensando que no habrá consecuencias, y vaya si las hay. ¿Necesitas algún ejemplo?

Estos son los tres errores de peso más habituales que pueden provocar la bancarrota de una familia

  1. No saben cuál es su situación económica actual

El dinero sale de su cuenta corriente y ni se enteran. Llega el día 25 y no tienen cash para afrontar la recta final del mes. Entonces se hacen preguntas como: ¿dónde está el dinero? ¿Cómo es posible que se haya gastado tan rápido? ¿En qué me lo he gastado?

Hay gente que ni siquiera sabe la cantidad exacta de dinero que ingresan cada mes. En serio, no lo saben. Tampoco saben el importe de las deudas pendientes que tienen ni cuánto tiempo les queda para terminar de pagarlas. Por supuesto, no tienen ni idea de cuáles son sus gastos fijos mensuales ni cuáles sus variables.

  1. El objetivo es la ‘suma cero’ a final de mes

Mucha gente vive al día sin ningún tipo de planificación financiera. Su objetivo mensual es lo que se conoce como “suma cero”: si entran 2.000 euros, gastan 2.000 euros. Si de repente comenzasen a ingresar 2.500, también gastarían 2.500 y serían súper felices porque tendrían 500 euros mensuales para gastar en caprichos.

¿Y si hay un gasto imprevisto como una reparación del automóvil? Piden dinero prestado. ¿Y si se aproxima la comunión de los niños? Piden dinero prestado. ¿Y si comienzan a sucederse uno tras otro varios gastos inesperados que obligatoriamente hay que afrontar y dejan de tener acceso al dinero prestado? Ruina y bancarrota.

  1. Su asesor en temas financieros es su banco de toda la vida

Estas personas no tienen el más mínimo conocimiento de economía. Creen que no es necesario saber de todo. ¿Acaso todos sabemos de medicina? Lo importante es tener un buen asesor que les guíe cuando tengan problemas económicos. Y ese asesor es su banco de toda la vida, dirigido por D. Antonio, que además es un tipo cercano que conoce el nombre de su mujer y de sus hijos. ¿Cómo va a engañarles una persona que los conoce de toda la vida?

Antonio siempre les recomienda los mejores depósitos (“los más seguros”), los mejores planes de pensiones (“para pagar menos impuestos”) y las mejores hipotecas (“a 40 años para que la letra sea más pequeña”).

El problema es que ese depósito no tiene rentabilidad, los planes de pensiones son una farsa y no te puedes permitir esa casa tan cara, y menos con una hipoteca a 40 años con la que terminarás pagando el doble de lo que cuesta.

¿Cómo evitar la bancarrota?

Si te sientes identificado con al menos uno de estos tres puntos, háztelo mirar y rectifica. Puedes evitar la bancarrota haciendo justo lo contrario a lo que te hemos descrito:

  1. Analiza minuciosamente cuál es tu situación financiera personal: ingresos vs gastos. Tira de presupuestos mensuales y anota todos los gastos diarios.
  2. Apáñatelas para que tus gastos sean inferiores a tus ingresos. Optimiza y vive mininal, amigo.
  3. Aprende economía, aléjate todo lo que puedas de los consejos de tu banco y busca asesoramiento independiente.

La tecnología puede ayudarte a poner orden en tu desastrosa gestión económica. Prueba con aplicaciones móviles para gestionar presupuestos (tipo Spendee) o para ahorrar de forma automatizada (por ejemplo, Arbor). Lee también foros sobre inversión y blogs sobre libertad financiera. Vamos, ¡reacciona!