Cuándo no deberías solicitar un préstamo

Cuándo no deberías solicitar un préstamo

Aunque no es lo recomendable, en ocasiones no queda más remedio que solicitar un préstamo bancario. Por ejemplo, para comprar un coche o para financiar una reparación muy cara del hogar que es imposible asumir con ahorros. Hoy hablamos de cuándo no deberías solicitar un préstamo.

Insistimos, no es recomendable pero a veces es inevitable. Sin embargo, hay determinadas situaciones que no se deberían de resolver generando una deuda. En este artículo vamos a repasar las más peligrosas.

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Cuándo no deberías solicitar un préstamo: 6 problemas que no deberías resolver con una deuda

INFOGRAFÍA cuándo no deberías solicitar un préstamo

Si te preguntas cuándo no deberías solicitar un préstamo, a continuación te damos la respuesta:

  1. Si tienes problemas para llegar a final de mes.

Si con tu nivel de ingresos y gastos actuales tienes que hacer un gran esfuerzo económico para llegar a final de mes sin poner la cuenta en números rojos, un préstamo bancario solo agravará la situación.

Aunque creas que a corto plazo el préstamo será una bombona de oxígeno para tu maltrecha economía doméstica, lo cierto es que a medio y largo plazo solo lograrás incrementar tus gastos fijos y estar peor.

  1. Para reunificar deudas.

Como ya te explicamos en otra ocasión, reunificar deudas es más peligroso de lo que crees: tendrás que asumir los gastos de cancelación anticipada de los préstamos actuales, afrontar los gastos de formalización del nuevo préstamo, pagar la comisión del intermediario, y lo peor de todo, alargarás el periodo de devolución de la deuda, por lo que tendrás que pagar más intereses.

Tan arriesgado es reunificar deudas que podría darse el caso de que termines pagando con la reunificación el doble de lo que habrías pagado si no la hubieses hecho.

  1. Para pagar otro préstamo.

Hay personas que se encuentran tan asfixiadas con el pago mensual de un préstamo que recurren a otro, con un periodo de devolución más largo, para poder afrontar el primero. Es una idea pésima por dos motivos: primero, terminan pagando más intereses; y segundo, entran en un círculo vicioso de deuda del que les resultará muy difícil salir.

La mejor solución en estos casos es contactar directamente con el prestamista, comentarle la situación y pedirle un período de carencia o alguna otra medida que flexibilice los pagos.

  1. Para irte de vacaciones.

¿Un préstamo para irte de vacaciones? Quítate esa locura de la cabeza. Este es un gran ejemplo de cuándo no deberías solicitar un préstamo. Si no puedes pagarte unas vacaciones con el dinero que tienes ahorrado, entonces este año no vas a poder irte de vacaciones.

Seguro que has trabajado mucho y te las mereces, eso no lo dudamos, pero la realidad es que económicamente no puedes permitírtelo. Con el préstamo solo conseguirás vivir por encima de tus posibilidades, y ya sabes que eso es muy peligroso.

  1. Para financiar una compra a corto plazo.

Por la misma razón que te hemos explicado en el punto anterior, pedir un préstamo para comprar una tele nueva, renovar el teléfono móvil, cambiar los muebles del salón o reparar una avería del coche, nos parece una pésima idea.

Estas compras a corto plazo deben cubrirse con el flujo de efectivo mensual, y si no es posible, con los ahorros. Pero nunca con préstamos ni financiaciones de cualquier otro tipo.

  1. Para apalancarte invirtiendo.

Aunque invertir es importante, solo debes hacerlo con el dinero que tengas ahorrado; nunca apalancándote con deuda. Si lo piensas fríamente te darás cuenta de que es un sin sentido y de que no salen los números.

No es muy inteligente tratar de conseguir un 4-5% de rentabilidad invirtiendo en bolsa si para ello necesitas pedir dinero prestado y pagar un 7-8% de interés por él.

 

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