Tarjetas revolving

Tarjetas revolving: bombas a punto de estallar

Las tarjetas revolving se han convertido en noticia, y no precisamente para bien. Desde hace algunos meses, numerosos bufetes de abogados han demandado a varias entidades emisoras de estas tarjetas acusándolas de usura, es decir, de cobrar intereses excesivos a sus clientes.

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Pero, ¿qué son las tarjetas revolving? ¿Tan altos son sus intereses? ¿Realmente son tan peligrosas? En este artículo vamos a resolver las dudas más habituales sobre esta modalidad de tarjeta de crédito.

¿Qué es una tarjeta revolving?

Lo primero, hablar de tarjetas revolving es hablar de tarjetas de crédito. Como probablemente ya sepas, una tarjeta de crédito ofrece a su poseedor la posibilidad de pagar compras, sacar dinero de cajeros y, en definitiva, usar un dinero que realmente no tiene.

Las tarjetas de crédito funcionan como líneas de crédito al consumo. Ofrecen un dinero “a futuro”, ya que el dinero que se utiliza no se retira directamente de la cuenta corriente del usuario, sino que es dinero usado en forma de crédito que termina devolviéndose más adelante.  O no.

Dentro de las tarjetas de crédito diferenciamos varias formas posibles de pago:

  • A mes vencido.

Consiste en que durante un mes se van haciendo compras con la tarjeta y a final de mes se paga todo de golpe. Este tipo de pagos es el más habitual porque, normalmente, no implica pago de intereses, es decir, el uso del dinero a crédito es gratuito.

  • Pago aplazado.

En este caso, la tarjeta permite aplazar el pago de lo que se haya comprado durante varios meses a cambio de aplicar un tipo de interés. Es una forma de pago que suele utilizarse cuando el importe de la compra es muy elevado y el comprador no puede afrontarla de golpe.

  • Modo tarjetas revolving.

Son tarjetas que aplazan siempre los pagos que se hacen con ellas. Las opciones suelen ser:

  • Pagar un porcentaje de la cuota pendiente (siempre entre un mínimo y un máximo), que irá variando cada mes en función del crédito pendiente a pagar.
  • Pagar una cuota fija todos los meses, independientemente del volumen de la deuda. Por ejemplo, 20 o 50 euros al mes.

Como te explicaremos a continuación, el pago a mes vencido es el más seguro y responsable, ya que no tendremos que pagar intereses por el dinero que usemos.

Por el contrario, las tarjetas revolving son las más peligrosas de todas, ya que nos pueden hacer entrar en una espiral de deuda sin salida.

¿Qué peligros tienen las tarjetas revolving?

  • Elevados intereses.

El gran riesgo de las tarjetas revolving son sus elevadas tasas de interés, que se mueven en la horquilla de entre el 20 y el 30% TAE, cuando el interés medio establecido por el Banco de España para los préstamos al consumo es mucho menor (entre el 7% y el 11%).

Este es el motivo por el que el Tribunal Supremo habla de usura y por el que numerosos bufetes de abogados de todo el país, por orden de sus clientes, han decidido denunciar a algunas de las entidades emisoras de este tipo de tarjetas.

  • Las tarjetas revolving pueden promover el consumo irresponsable.

Un riesgo derivado del uso de estas tarjetas es que promueven el consumo irresponsable. Muchos consumidores están “enganchados” a las confusas facilidades de pago que ofrecen y no son conscientes de la espiral de deuda constante en la que se encuentran inmersos.

Hay que entender que este tipo de tarjeta funciona como una línea de crédito, de forma que la tentación de usarlas no desaparece nunca, sino que por el contrario, siempre está ahí.

Por ejemplo, si el crédito disponible es de 4.000 euros y el usuario utiliza 1.500, aún tendrá otros 2.500 euros listos para gastar. Sin embargo, según vaya amortizando el pago de esos 1.500 euros, el crédito disponible aumentará en la misma cuantía. De esta forma, cuando lleve devueltos 500 euros, por ejemplo, la línea de crédito subirá a los 3.000 euros.

  • Plazos de amortización indeterminados e interminables.

Cuando alguien contrata un préstamo sabe de antemano cuál será su plazo de amortización, es decir, el número de meses o de años durante los cuáles tendrá que devolver la deuda.

Con las tarjetas revolving no ocurre esto. Debido a que las cuotas a pagar suelen ser bastante bajas, por lo general, el plazo de amortización no está establecido y, previsiblemente, es muy largo.

Como te explicábamos más arriba, la deuda de estas tarjetas se amortiza como un porcentaje de la deuda total o en pequeñas cuotas fijas. Ese pago mensual incluye tanto la devolución del capital como de sus correspondientes intereses.

El problema es que puede darse el caso de que el importe del pago mensual no cubra el interés y, por tanto, el principal a devolver aumente en lugar de disminuir.

Un caso práctico de mal uso de tarjetas revolving

La situación que te acabamos de describir no es nada rocambolesca, sino más habitual de lo que parece.

Imagina que haces una compra de 5.000 euros con una tarjeta revolving que te cobra un 25% de interés anual. La forma de pago que elijes es una cuota fija de 100 euros al mes.

Cuando pase el primer mes habrás pagado 100 euros y tu saldo pendiente será de 4.900 euros (5.000 – 100).

El problema es que los intereses de ese saldo pendiente son 102,08 euros al mes (1.225 euros al año), por lo que siguiente mes tu saldo pendiente será de 5.002,08 euros, es decir, más que el mes anterior.

Como ves, a pesar de que has pagado 100 euros para amortizar tu deuda, en realidad no has amortizado nada, sino todo lo contrario: tu deuda ha aumentado.

Y ahora piénsalo fríamente: si en lugar de pagar 100 euros al mes pagases la mitad, o incluso el mínimo (algunas tarjetas permiten cuotas fijas de solo 20 euros al mes), el saldo pendiente comenzaría a crecer muy rápidamente y de forma peligrosa.

El gancho perfecto para familias con problemas económicos

Según datos del Banco de España, el año pasado se realizaron operaciones con tarjeta de crédito por importe de casi 150.000 millones de euros, por lo que es fácil deducir que esta forma de pago está muy extendida en nuestro país.

Las tarjetas de crédito en general (y las revolving en particular) ofrecen a muchas familias una vía rápida para obtener financiación de forma sencilla e inmediata. Además, muchos bancos las regalan de forma gratuita, sin exigir domiciliaciones de nómina y prometiendo cuotas de mantenimiento anuales de cero euros.

¿Cómo combatir esto? Mediante educación financiera, no hay más.

La formación financiera es la única que puede salvar a las futuras generaciones de consumidores de ser víctimas de esta mala praxis financiera. Hoy son las tarjetas revolving, mañana será otra nuevo producto o servicio “revolucionario”.

 

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