etiquetas de los alimentos

15 cosas que no sabías de las etiquetas de los alimentos

Hemos escuchado miles y miles de veces lo importante que es hacer ejercicio y seguir una dieta sana y equilibrada para estar en buena forma física. Pero, ¿sabes qué tienes que tener en cuenta para conseguirlo? Vamos a hablar de una de ellas: las etiquetas de los alimentos.

[¿Necesitas una ayuda este mes? Solicita tu préstamo aquí

El problema es que controlar la alimentación es más complejo de lo que parece, pues no basta con saber qué alimentos incluir en la dieta, sino que también debes saber qué lleva realmente lo que estás comiendo. ¿Cómo conseguirlo? A través de las etiquetas de los alimentos. Eso sí, para hacerlo correctamente hay que saber interpretarlas y reconocer la información que los fabricantes tratan de esconder.

Ahí está la dificultad, ya que son muchos los que se dejan llevar por lo que dice la parte frontal del envase, que, lejos de ser verdad, no es más que una estrategia comercial para aumentar las ventas. Por eso, hay ciertos trucos que debes conocer… ¡Descúbrelos!

15 claves para descifrar las etiquetas de los alimentos

etiquetas de los alimentos

1º. Los ingredientes van de mayor a menor en las etiquetas de los alimentos.

Tiene bastante lógica, pero no todo el mundo lo sabe: cuanto mayor es la proporción de un ingrediente en un producto, antes aparece en la lista. Por eso, si estás en el supermercado, y ves que el que debería ser el ingrediente principal de un producto no aparece el primero, será mejor que lo cambies por otro.

2º. Los alimentos indican el valor diario aportado.

El organismo necesita una cantidad diaria diferente de cada sustancia, por lo que es difícil saber la cantidad y llevar un control. Por suerte, si sabes interpretar la información nutricional en los envases, será pan comido, ya que en muchas de las etiquetas de los alimentos  se muestra el valor diario aportado de una determinada sustancia.

Por ejemplo, si vemos “5 % VD de proteínas”, significa que ese producto aporta un 5 % de la cantidad de proteínas diaria que tu cuerpo necesita.

3º. No te fíes de las etiquetas de los alimentos que incluyen «rico en X».

Muchos envases afirman tener un alto contenido de una determinada sustancia (minerales, nutrientes, vitaminas, etc.), pero ¿es eso cierto? ¡Compruébalo tú mismo! ¿Cómo? Toma nota: un valor igual o inferior al 5 % indica que el contenido de una sustancia en ese producto es bajo, mientras que un valor igual o superior al 20 % indica que es alto. Así de sencillo. La próxima vez consulta la información nutricional y no te dejes engañar.

4º. Las etiquetas de los alimentos «sin azúcares añadidos» no significa «sin azúcar».

Muchas de las etiquetas de los alimentos indican que un producto está libre de azúcares añadidos. Pero ¡ojo!, eso no quiere decir que el producto en sí no contenga azúcares naturales, puede que incluso grandes cantidades. ¡Consúltalo en la información nutricional!

5º. Los productos light sí tienen calorías.

Hay quienes creen que por comprar un producto denominado «light» este no tendrá calorías. ¡Error! Esto solo significa que tiene un 30 % menos que la versión normal de ese mismo producto, lo que puede significar que la versión normal tiene demasiadas calorías, y la light, simplemente una cantidad dentro de lo habitual. ¡No te dejes llevar por el envase y consulta bien las calorías antes de comprarlo!

6º. Los alérgenos van resaltados en las etiquetas de los alimentos.

Solemos identificar si un producto es apto para alérgicos gracias a las etiquetas de «sin gluten» o «sin lactosa». Sin embargo, no todas las alergias aparecen indicadas en la parte frontal del envase, y depende de ti asegurarte de que el producto esté libre de ese ingrediente. Esto puede parecer una tarea compleja, pero ¿sabías que los alérgenos van resaltados en negrita o en mayúsculas?

7º. No busques «grasas trans» en el etiquetado.

Las grasas trans son las más peligrosas, ya que aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes, o arterioesclerosis, entre otras. Por eso, no es de extrañar que los fabricantes traten de esconderlas en las etiquetas de los alimentos bajo el nombre «grasas parcialmente hidrogenadas». ¡Presta atención la próxima vez!

8º. Cuidado con el azúcar en las etiquetas de los alimentos.

Se estima que hay más de 50 maneras de nombrarlo. ¿Eres de los que busca productos sin azúcar y, al no verlo entre los ingredientes, se da por satisfecho? ¡Cuidado! El jarabe de maíz, la maltosa, o la dextrosa, entre otros, son otras maneras de nombrar esta sustancia en las etiquetas de los alimentos.

9º. Evita los aditivos lo máximo posible.

Los aditivos, las famosas ‘E’ seguidas de números, no son más que sustancias que se utilizan para dar color a los alimentos, potenciar su sabor, o darles espesor, entre otros. Esto no suele ser imprescindible para el producto y, además, muchos de estos aditivos son altamente tóxicos para nuestro organismo. Así que, ya sabes, ¡cuantas menos ‘E’ tenga, mejor!

10º. Lo casero o natural sí lleva aditivos.

Tendemos a pensar que un producto, por el simple hecho de ser natural o casero, está libre de aditivos. Esto, sin embargo, no es así, ya que desde una manzana hasta un pescado puede llevarlos.

11º. Fíjate en el peso neto en las etiquetas de los alimentos.

En cualquier producto, ya sea un envase de 500 g o 1 kg, el valor nutricional se indica por cada 100 g de producto. Esto puede ser confuso y, a veces, nos hace pensar que el alimento en cuestión contiene, por ejemplo, menos grasas de las que contiene en realidad.

12º. Ten cuidado con los productos ecológicos.

Asegúrate de que los productos que dicen ser ecológicos estén certificados por alguna organización. De lo contrario, simplemente es un producto más caro con las mismas características e ingredientes que los demás.

13º. No te fíes de los productos desnatados.

Que un producto sea desnatado significa que tiene menos grasas saturadas. Sin embargo, en la mayoría de los casos para compensar esta pérdida se añade una gran cantidad de azúcares añadidos, lo que, lejos de reducir el riesgo de obesidad (como hacen, en teoría, los productos desnatados), lo aumentan. ¡Consulta los azúcares la próxima vez!

14º. Reconoce el aceite de palma dentro de las etiquetas de los alimentos.

Es bien sabido que el aceite de palma es perjudicial para nuestra salud, ya que puede causar problemas en el sistema cardiovascular y, aún así, está presente en miles de alimentos de todos los tipos. Por ello, los fabricantes tratan de camuflarlo utilizando otros nombres menos conocidos (grasa de palma, palmitol, o palmitato, entre otros) que, al fin al cabo, son simplemente eso, aceite de palma.

Y ¡cuidado!, no te fíes de las etiquetas de «sin aceite de palma», ya que hay cientos de ingredientes derivados y, aunque un producto no contenga aceite de palma como tal, puede no estar libre del todo.

15º. Las etiquetas de los alimentos «sin X» o «libre de X» no indican que sea más saludable.

Hay quienes interpretan estas etiquetas incorrectamente, y suponen que el ingrediente en cuestión es, en mayor o menor medida, perjudicial para el organismo. De hecho, se estima que solo alrededor del 30 % de consumidores de productos sin gluten son celiacos. ¡No te dejes llevar por estas etiquetas! Si no eres alérgico, tales ingredientes no son nocivos para tu salud.

Se acabó eso de no saber lo que comemos, ¡aprende a interpretar las etiquetas con estos sencillos trucos!

 

Si necesitas una ayudita extra, en Vivus podemos ofrecerte un préstamo rápido de hasta 1.000 euros (300 si es la primera vez que lo solicitas) para poder hacer frente a cualquier imprevisto que te pueda surgir. Es muy sencillo y solo te tomará diez minutos. ¡Apenas hay papeleo!