diferencias entre crédito y débito

Diferencias entre crédito y débito: así funcionan las tarjetas

¿Tú tampoco sabes cuáles son las diferencias entre crédito y débito? El pago con tarjeta bancaria está ampliamente extendido en nuestro país. Casi todo el mundo utiliza las tarjetas en su día a día para hacer la compra en el supermercado, comprar por internet, repostar combustible, alquilar un coche o incluso pagar el taxi. Pero ¿sabemos cuál es la diferencia entre pagar a crédito y a débito? Te explicamos las diferencias.

 

¿Cómo funcionan las tarjetas de débito?

Las tarjetas de débito son aquellas que te permiten hacer compras utilizando el dinero que tienes en tu cuenta corriente. El importe de la compra se carga directamente en tu cuenta y se descuenta del saldo de la misma. Por ejemplo, si gastas 180 euros en el supermercado y pagas con tu tarjeta de débito, ese dinero se descontará inmediatamente de la cuenta a la que está asociada esa tarjeta.

El límite de dinero disponible en las tarjetas de débito es el mismo que hay en la cuenta corriente. Una vez que se sobrepasa ese saldo, el banco podría no aceptar el pago (o cobrar comisiones por el dinero que ha excedido el mismo). Esto significa que si tu saldo en cuenta corriente es de 200 euros, solo podrás hacer compras por ese importe con tu tarjeta de débito (a no ser que el banco te conceda un descubierto en cuenta).

Este tipo de tarjetas no implica pagar intereses por su uso, ya que el cargo en la cuenta se hace en el momento de la compra y, por tanto, no existe financiación bancaria. Sin embargo, sí es posible que la entidad emisora te cobre comisiones en algunos casos. Por ejemplo, por el mantenimiento de la tarjeta o por retirar dinero en efectivo de un cajero que no pertenece a su red.

En definitiva, las tarjetas de débito son las más extendidas y utilizadas debido a su facilidad de uso y a que, a diferencia de las tarjetas de crédito, que vamos a explicar a continuación, no hay que pagar intereses por ella.

 

¿Cómo funcionan las tarjetas de crédito?

Por su aspecto exterior, las tarjetas de crédito son idénticas a las anteriores. Ambas son de plástico, llevan impreso nuestro nombre, tienen una banda magnética (y/o un microchip) y permiten hacer pagos. Sin embargo, sus características son completamente diferentes.

Una tarjeta de crédito permite financiar compras, es decir, adquirir bienes y servicios con un dinero que no nos pertenece, sino que nos presta nuestra entidad bancaria. Por tanto, al utilizarlo contraemos una deuda con el banco. Por ejemplo, si usas una tarjeta de crédito para comprar una bicicleta de 350 euros, automáticamente contraes una deuda con tu banco por ese importe, ya que el dinero que utilizas no es tuyo, sino del banco que te lo presta.

Como es lógico, el dinero que de forma indirecta recibimos prestado al utilizar una tarjeta de crédito hay que devolverlo más adelante. Hay varias alternativas:

  • A final de mes. Es la forma más habitual y también la más sencilla. Consiste en que un día establecido del mes siguiente al que se efectúa la compra, el banco carga en nuestra cuenta corriente el importe de la misma. Esta modalidad de pago no implica el pago de intereses. Por tanto, en la práctica es una financiación al 0% de intereses.
  • Mediante un porcentaje. En este caso, todos los meses pagaremos un porcentaje por el crédito. Por ejemplo, si el saldo a liquidar es 350 euros y decidimos pagar un 10% mensual, cada mes nos cargarán en cuenta 35 euros. En esta ocasión sí tendremos que pagar intereses.
  • Una cuota fija. Esta modalidad se conoce con el nombre de tarjeta revolving y consiste en pagar una cantidad fija de dinero todos los meses, independientemente de cuál sea el saldo pendiente. Por ejemplo, podemos decidir pagar 25 euros al mes sea cual sea la deuda de nuestra tarjeta. Es la forma de pago más abusiva y la que implica pagar más intereses. Aunque ahora están en entredicho tras la Sentencia del Supremo.

Además de los intereses, las tarjetas de crédito también conllevan el pago de determinadas comisiones (de renovación, de mantenimiento, por sacar dinero del cajero…). En ocasiones, estas comisiones son más elevadas que sus homónimas en las tarjetas de débito.

Este tipo de tarjetas también tienen un saldo límite de pago que lo acordará el cliente con la entidad bancaria. Normalmente, cuánto mayor es la solvencia del cliente, mayor es el saldo que le concede el banco.

 

¿Cuáles son las diferencias entre crédito y débito?

Como acabamos de ver, las tarjetas de crédito son un instrumento de financiación en sí mismas, ya que permiten hacer compras y pagarlas a plazos gracias a la financiación que concede la entidad bancaria. Utilizarlas implica contraer una deuda y pagar intereses por la misma (salvo que devolvamos el dinero utilizado a final de mes).

Por el contrario, las tarjetas de débito son un simple medio de pago, ya que el importe de las compras se carga directamente en la cuenta corriente del titular y se descuenta de su saldo. En este caso, su uso no implica contraer una deuda, ya que el dinero que se utiliza pertenece al titular de la tarjeta.

En función de cuáles sean las necesidades de cada consumidor, puede interesar utilizar un tipo de tarjeta u otro. En general, para el día a día, lo ideal es usar exclusivamente la tarjeta de débito, ya que permite tener un mayor control sobre el dinero que se gasta y no hay que pagar intereses por ella.

Las tarjetas de crédito, mientras tanto, solo deberían usarse para determinadas operaciones en las que podamos salir beneficiados. Por ejemplo, para aprovechar los descuentos en gasolineras y en otros establecimientos, para viajar al extranjero o para disfrutar del seguro de compra que incluye la propia tarjeta. Eso sí, la modalidad de pago debería ser a final de mes, para así evitar pagar intereses por las compras realizadas.