curva de la satisfacción

Supervivencia, comodidades y lujo: así funciona la curva de la satisfacción

¿Somos más felices cuánto más dinero gastamos y más cosas tenemos? Es decir, ¿existe una relación directa entre el consumo y la felicidad? Según Joe Dominguez y Vicki Robin, autores del libro “La bolsa o la vida”, la respuesta en ambos casos es no. Hoy hablamos de la curva de la satisfacción.

La sociedad de consumo en la que hemos crecido nos quiere hacer creer que “más siempre es mejor”, pero en realidad no es así. Para demostrártelo usaremos el concepto de curva de la satisfacción que encontramos en ese mismo libro.

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La curva de la satisfacción muestra la relación existente entre la cantidad de dinero que gastamos y la satisfacción que eso nos reporta. Como puedes ver en el gráfico: gastar más dinero no significa ser más feliz, sino todo lo contrario. Llega un punto en el que cuánto mayor sea el gasto, más aumenta nuestra infelicidad.

Las tres etapas de la curva de la satisfacción

En esta gráfica encontramos tres tramos o etapas por las que hemos de pasar como consumidores sociales:

1º. Supervivencia.

Todas las personas empiezan cubriendo sus necesidades más básicas: la alimentación, la ropa o tener un sitio donde dormir y no pasar frío. Son las necesidades imprescindibles porque están directamente ligadas a la condición humana. No cubrirlas implica malvivir, por lo que al principio de nuestras vidas, cuánto más dinero gastemos, mayor será nuestra satisfacción y nuestra felicidad.

2º. Comodidades.

Cuando nuestras necesidades básicas están cubiertas, surgen otras necesidades menos imprescindibles. Estas necesidades secundarias nos ayudan a vivir mejor. En el libro las llaman “comodidades”, porque están relacionadas con nuestro bienestar. Por ejemplo, un coche, un teléfono móvil, un televisor, una alimentación saludable o una bici para hacer deporte.

No no moriremos si dejamos sin cubrir estas necesidades, pero sí seremos más infelices. Por eso, también en este tramo, cuánto más dinero gastemos en comodidades, más satisfechos nos sentiremos.

3º. Lujo.

Cuando tenemos ciertas comodidades en nuestra vida, solemos darnos algunos caprichos. No se trata de comprar un yate o de dar la vuelta al mundo, pero sí de irnos de vacaciones una semana al extranjero, comprar un iPhone de 1.000 euros en lugar de un teléfono más barato o cenar en un restaurante caro.

En este tercer tramo, la curva comienza a aplanarse y empieza a disminuir, por lo que gastar más no se traduce en ser más feliz, sino todo lo contrario. ¿Tiene sentido que ocurra esto?

Más no siempre es mejor

Hay un punto en la gráfica denominado “suficiente”. Se refiere a la cantidad de dinero que representa un punto de equilibrio entre gastar y ser feliz. Si gastamos por encima de ese punto, estaremos peor que si no lo hacemos: más preocupados, con menos tiempo libre, más estresados…

Si para poder irte de vacaciones a México, pagar la cuota de la hipoteca y seguir un alto tren de vida tienes que salir de trabajar a las 8 de la tarde, renunciar a tu tiempo libre o pasar poco tiempo con tus hijos, entonces el dinero se ha convertido en tu peor enemigo.

Debes encontrar tu propio punto de “suficiente”, el límite entre tus necesidades básicas, tus comodidades y tus lujos. Si no lo haces caerás en la trampa de creer que más es mejor y te verás en un corralón sin salida, infeliz y sin poder disfrutar de tu propia vida.

 

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