Como tu personalidad afecta a tu consumo

Cómo tu forma de ser y de pensar afecta a tu consumo

Podría parecer que nuestro comportamiento como consumidores no sigue ningún patrón predefinido. Sin embargo, esto no siempre es así. Dejando a un lado la compra compulsiva, que es totalmente irracional, nuestra forma de consumir se ve afectada por una serie de variables muy complejas y dependientes entre sí.

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¿Te has preguntado alguna vez cuáles son esas variables y cómo tu forma de ser y de pensar afecta a tu consumo? En este artículo analizaremos las siete variables más importantes que influyen en nuestra forma de consumir:

Cultura. Nos referimos a las creencias, las costumbres, los conocimientos, las normas morales o a cualquier otro hábito adquirido por los consumidores como miembros de la sociedad. En función de nuestra cultura valoraremos en mayor o menor medida aspectos como la calidad de los productos, la honradez del vendedor, la protección medioambiental del fabricante…

Clase social. La posición del individuo en la sociedad como consecuencia de su nivel de ingresos, su trabajo, el barrio donde vive o el nivel de educación hace que muestre diferentes valores y formas de conducta. Así, por ejemplo, unos consumidores optan por productos caros y exclusivos mientras que otros prefieren productos de bajo coste.

Grupo social. Nos referimos a ese conjunto de personas que comparten una afinidad y ejercen una influencia mutuas. Existen ciertos valores y comportamientos que identifican al consumidor con su grupo de referencia y esto a su vez afecta a su forma de consumir. Por ejemplo, los jóvenes adolescentes, los usuarios de gimnasios o los fans del hip hop.

Familia. Existen muchos tipos de familias, y cada una de ellas tiene unos hábitos de consumo diferentes: familias recién formadas, con hijos pequeños, con hijos emancipados, divorciados… Nuestras necesidades y decisiones de consumo varían en función del tipo de familia al que pertenezcamos.

Personalidad y autoconcepto. Estamos ante la base del comportamiento del individuo en todo momento. El consumo de un individuo inseguro es totalmente diferente al de uno con las ideas claras, del mismo modo que el consumo del consumidor ahorrador nada tiene que ver con el de otro individuo que carezca de ese valor.

Motivación. La fuerza que impulsa al individuo a realizar una compra puede ser fisiológica, de comodidad, de prestigio, de autorealización… Cada uno de esos casos da lugar a un comportamiento de compra totalmente diferente.

Experiencia. La memoria y los aprendizajes, es decir, la experiencia de compra del individuo, hacen que este repita aquellos comportamientos satisfactorios y que evite los que no lo fueron. Esto explica factores como la fidelidad a la marca o el comprar siempre en el mismo establecimiento.

Si a estos factores le añadimos las cinco cuestiones relacionadas con toda compra (cuándo compra, cómo compra, dónde compra, por qué compra y quién compra), tenemos el cóctel perfecto para definir los patrones de consumo de cada persona y darnos cuenta de que ciertamente, nuestra forma de ser y de pensar afecta a nuestro consumo mucho más de lo que creíamos.