interés simple e interés compuesto

Interés simple e interés compuesto, ¿qué son y en qué se diferencian?

En muchas ocasiones, por ejemplo, cuando acudimos a una entidad financiera a solicitar un préstamo o a invertir dinero, escuchamos hablar de interés simple y de interés compuesto. Se trata de dos conceptos que, aunque suenan a lo mismo, en realidad son bastante diferentes.

El interés simple te puede ayudar a ganar dinero en un momento puntual, pero nada más. Sin embargo, el interés compuesto podría convertirte en la persona más rica de tu vecindario. ¿Cómo? En este artículo descubrirás que es muy sencillo. Te lo contamos.

 

¿Qué es y cómo se calcula el interés simple?

El interés simple es aquel que se calcula sobre el principal, es decir, sobre la cantidad invertida. Tiene la particularidad de que no tiene en cuenta los posibles intereses que el propio capital ha generado con anterioridad, es decir, no suma al capital los intereses generados para que estos puedan generar nuevos intereses.

Podríamos decir que el capital va por una parte y los intereses por otra. Por tanto, el capital que invertimos de forma inicial es el que se mantiene durante toda la vida de la operación. El interés también es el mismo durante todos los periodos de la operación y el tipo de interés se aplica siempre sobre el capital invertido o capital inicial.

 

Fórmula del interés simple

Para calcular el interés simple se utiliza la siguiente fórmula:

Cf = Ci (1 + n*i)

Donde:

  • Cf = Capital Final
  • Ci = Capital Inicial
  • n = Periodo de tiempo
  • i = Tasa de interés

 

Ejemplo de interés simple

El interés simple puede parecer complicado pero en realidad es muy sencillo. Veámoslo con un ejemplo:

Supongamos que queremos hacer una inversión de 10.000 euros durante 3 años y que, por simplificar, nos beneficiaremos de un interés simple del 10%. Los beneficios que obtendremos por nuestra inversión son:

  • Año 1: 1.000 euros (el 10% de 10.000 euros).
  • Año 2: 1.000 euros (el 10% de 10.000 euros).
  • Año 3: 1.000 euros (el 10% de 10.000 euros).

En total, la rentabilidad de nuestra inversión será de 3.000 euros.

Como vemos, la rentabilidad anual es la misma todos los años porque el tipo de interés (10%) se aplica siempre sobre la cantidad inicial (10.000 euros).

La característica fundamental del interés simple es que los intereses que se obtienen cada año se retiran de la inversión y, por tanto, no generan nuevos intereses. Pero, ¿no sería mejor idea mantenerlos invertidos y que ayudasen a generar más intereses?

La respuesta es sí, lo que nos lleva al siguiente concepto: el interés compuesto.

 

¿Qué es y cómo se calcula el interés compuesto?

El interés compuesto, al que según cuenta la leyenda, Einstein bautizó como “la fuerza más poderosa del Universo”, se caracteriza porque los intereses que se consiguen en cada periodo se suman al capital inicial y, por tanto, también generan nuevos intereses.

A diferencia del interés simple, aquí los intereses se capitalizan (es decir, se añaden a la inversión) y esto provoca que la inversión crezca con el efecto de bola de nieve: a más intereses, mayor capital sobre el que calcular intereses, lo que a su vez genera más intereses…

El interés compuesto tiene tres particularidades.

  1. El capital inicial aumenta en cada periodo porque los intereses se van añadiendo al mismo.
  2. En consecuencia, el tipo de interés se aplica sobre un capital que cada año es mayor.
  3. Por tanto, cada año, los intereses generados por la inversión son mayores que el año anterior.

 

Fórmula del interés compuesto

Para calcular el interés compuesto se utiliza la siguiente fórmula:

Cf = Ci (1 + i)^n

Donde:

  • Cf = Capital Final
  • Ci = Capital Inicial
  • n = Periodo de tiempo
  • i = Tasa de interés

 

Ejemplo de interés compuesto

El interés compuesto parece un pelín más complejo que el interés simple, pero en la práctica también es bastante sencillo. Compruébalo con este ejemplo:

Supongamos que queremos hacer la misma inversión que en el ejemplo anterior, es decir, 10.000 euros, durante 3 años. En este caso aplicaremos el interés compuesto y, por simplificar, también usaremos una tasa de interés del 10% anual.

Los beneficios que obtendremos por nuestra inversión a lo largo de 3 años son los siguientes:

  • Año 1: 1.000 euros (el 10% de 10.000 euros).
  • Año 2: 1.100 euros (el 10% de 11.000 euros, ya que a los 10.000 euros iniciales le sumamos los 1.000 euros generados en el año 1).
  • Año 3: 1.210 euros (el 10% de 12.100 euros, ya que a los 10.000 euros iniciales le sumamos los 1.000 euros generados en el año 1 y los 1.100 euros generados en el año 2).

En total, la rentabilidad de nuestra inversión será de 3.310 euros.

 Como vemos, la rentabilidad obtenida por nuestra inversión si aplicamos un tipo de interés compuesto es mayor que si aplicamos un tipo de interés simple. Esto es así porque año tras año, los beneficios generados por la inversión se reinvierten y, por tanto, también generan beneficios.

Aunque el tipo de interés es el mismo todos los años (10%), el capital inicial no lo es, ya que aumenta de forma anual cuando se le suman los intereses obtenidos en el periodo anterior. Al aumentar la cifra sobre la que se calculan los intereses, año tras años también los intereses son mayores.

 

Conviértete en el millonario de barrio

Por tanto, si quieres convertirte en la persona más rica de tu vecindario o, al menos, duplicar tus ahorros, lo único que tienes que hacer es empezar a ahorrar e invertir cuánto antes para así beneficiarte del poder del interés compuesto.

Cuánto antes empieces a invertir y más tiempo mantengas tu dinero invertido, dejando que el interés compuesto haga su trabajo, mayor será el beneficio que obtendrás por tu inversión.

Si no tienes muy claro por dónde empezar para poner a trabajar tu dinero, nuestro consejo es que te informes sobre como invertir en fondos indexados y en ETFs. A día de hoy son, con toda seguridad, los vehículos de inversión más sencillos que existen y que mejor permiten beneficiarse del interés compuesto.