Instagram

Por qué no debes creerte todo lo que ves en Instagram

Hace pocas semanas una foto viral hizo reflexionar a mucha gente. En ella aparecen varias chicas posando en una playa mientras sus respectivas parejas se afanan en captar un buen plano. Lo que ha llamado la atención no es el hecho de que esos chicos disparasen sus cámaras en una bonita playa, sino la falsa naturalidad de los posados. ¿Se nos está yendo la cabeza con el postureo en Instagram?

Vivir pendientes del qué dirán no es ninguna novedad

Nuestros abuelos y abuelas, que no han vivido este boom del postureo online, también experimentaban la necesidad de “aparentar”. La diferencia es que si querías vacilar antes de la llegada de las redes sociales, tenías que dar la cara: lucir tu mejor camisa el domingo, estrenar zapatos el día de la fiesta del pueblo… Y si querías presumir de algo que habías hecho, solo tenías una oportunidad antes de ser tildado de fantasma. Sus redes sociales eran otras.

Siempre se ha dicho que “es más fácil pillar a un mentiroso que a un cojo”. Ahora, filtros, hashtags, sonrisas entrenadas, stories y frases épicas se lo ponen un poco más complicado al cojo. Es la época del llamado “postureo”, e Instagram su terreno de juego.

Con las redes sociales las oportunidades de mostrar una buena imagen son infinitas. Centenares de fotos casi idénticas frente a un espejo saturan el almacenamiento de smartphones de jóvenes y no tan jóvenes. Todo es poco para demostrar lo guays que son nuestras vidas y lo felices que somos. Pero…¿lo somos de verdad? Y de ser así, ¿qué nos ha llevado a esa locura colectiva por demostrarlo en Instagram?

Necesitamos la aprobación de los demás

Como animales sociales, los humanos necesitamos la aprobación de los demás. Es una forma primitiva de supervivencia heredada de millones de años. Fuera de la manada estamos en problemas. Nos guste o no, estamos irremediablemente unidos a los demás y a sus opiniones. La capacidad de no dejarse afectar emocionalmente por el qué dirán es un salto evolutivo que todavía queda lejos a la mayoría.

Hasta ahí lo normal; es sano y natural considerar y verse afectado por lo que piensan de nosotros, para bien y para mal. Medirlo en likes de forma casi enfermiza es el problema que ahora estamos viviendo.

Un estudio británico calculó que los jóvenes entre 18 y 24 años miran su móvil de media cada 9 minutos y 50 segundos. Además, uno de cada 20 lo hace cada minuto del día. Esas cifras se multiplican en los minutos posteriores a publicar algo en Instagram. Las notificaciones son la nueva droga.

Hay una nueva moda en Instagram, la transparencia

A tal punto hemos llegado de “fachada” que una nueva tendencia parece emerger en las redes. En un intento de naturalizar su presencia social, algunas “influencers” están cambiando el tono de sus publicaciones.

Instagram y las redes sociales en general no son buenas o malas, es su uso lo que lo define. Pueden ser una genial herramienta para conectar con otras personas y al mismo tiempo una trampa que nos genera ansiedad e infelicidad. Likes sí, pero con naturalidad y responsabilidad.