
El fraude en préstamos no es algo común, pero puede ocurrir y es mejor estar atento para evitar las estafas. El fraude en los préstamos puede adoptar varias formas y utiliza el señuelo de los préstamos sin condiciones para engañar a los consumidores y conseguir sus datos personales y financieros.
En momentos de necesidad económica podemos ser especialmente vulnerables a este tipo de fraudes. Desde Vivus queremos ofrecer una pequeña guía para informar a nuestros clientes de cómo pueden identificarlos y tomar medidas para protegerse.
Cuando vas a solicitar un préstamo, la manera más fiable de comprobar si es seguro hacerlo es acudir a prestamistas oficiales que estén dados de alta en un registro oficial, se rijan por la Ley 22/2007 y la Ley 16/2011 y tengan licencia para operar. En el caso de Vivus, por ejemplo, el grupo financiero que nos respalda es 4Finance, que además de cumplir con estos requisitos está asociado a la Asociación Española de Micropréstamos (AEMIP), una organización que agrupa a las empresas de micropréstamos en España, estableciendo un Código de Buenas Prácticas que supervisa y mejora las prácticas de sus asociados. Todas las condiciones de nuestros préstamos están recogidas en nuestra página de préstamos responsables.
Un prestamista legítimo proporciona información clara sobre su dirección y registro. Sin embargo, no mucha gente sabe esto. Los grupos más vulnerables a las estafas de préstamos son los jóvenes, las personas mayores, los hogares con bajos ingresos y las personas con baja solvencia, personas en situaciones financieras desesperadas de las que los estafadores se aprovechan.
Lo principal a la hora de identificar una estafa es comprobar su registro. Sin embargo, vamos a profundizar un poco más en el tema para que te asegures, al 100%, de que no estás cayendo en un fraude.
Hay veces que los estafadores se hacen pasar por una institución oficial o engañan al cliente de diferentes maneras. Veamos los tipos de fraude a los que podrías enfrentarte y cómo identificarlos.
El fraude de comisiones de préstamo, que implica a un estafador que se hace pasar por un prestamista legítimo, es probablemente el tipo más común de fraude de préstamos. En esta estafa, alguien se hace pasar por una entidad seria, te promete un crédito fácil, rápido y “sin condiciones”, pero antes de soltarte el dinero te pide que pagues una cantidad por adelantado. En cuanto haces el pago, desaparecen y el préstamo nunca llega.
Esa cantidad previa puede aparecer disfrazada de mil maneras: “seguro”, “gastos de gestión”, “comisión administrativa”, “depósito” o incluso un pago extra porque “tu historial crediticio es malo”. Suelen decirte que es reembolsable para que confíes, pero luego te piden que la envíes por vías casi imposibles de rastrear: criptomonedas, plataformas de envío de dinero, tarjetas regalo o códigos prepago. Una vez el dinero sale por ahí, recuperar algo es prácticamente misión imposible… por eso, regla de oro: si te piden pagar algo por adelantado para concederte un préstamo, desconfía. Una empresa de préstamos legítima verifica el perfil del solicitante y no pide dinero por adelantado.

Los estafadores utilizan la identidad de otra persona para solicitar préstamos y obtener dinero, usando sus datos sin permiso. Es decir, el estafador “se pone tu nombre y tu DNI” para pedir dinero que tú nunca verás, pero cuya deuda sí aparecerá a tu nombre.
Los estafadores pueden obtener la información personal y financiera de las víctimas a través de redes sociales, correo electrónico o sitios web. Suele empezar con un robo de datos: documentos extraviados, phishing (correos o SMS falsos donde das tus datos sin querer), filtraciones de bases de datos, fotos de DNI enviadas por WhatsApp, etc. Con esa información, el estafador rellena una solicitud de préstamo como si fueras tú, a veces incluso crea un correo electrónico y un número de teléfono a tu nombre para recibir ahí las comunicaciones. El dinero se ingresa en una cuenta controlada por él, pero cuando toque devolverlo, quien aparece como deudor eres tú.
Las señales típicas de este tipo de fraude son recibir cartas o emails de préstamos que no has pedido, ver consultas de crédito extrañas en tu historial o que te reclamen el pago de un crédito que no te suena de nada. Por eso, si estas recibiendo este tipo de mensajes, debes proteger tus datos personales (especialmente DNI, selfies con documentos, nóminas, IBAN) y revisar de vez en cuando tu correo, tu banca online y cualquier comunicación de entidades financieras para detectar movimientos raros cuanto antes.
Los estafadores ofrecen préstamos con condiciones abusivas y tasas de interés altas que intentan imitar a los préstamos de día de pago, pero son falsos. Usan contratos poco claros, esconden el coste real, presionan para que firmes rápido y, a veces, recurren a prácticas de cobro muy agresivas. En resumen: se aprovechan de que la persona está desesperada por llegar a fin de mes para ofrecerle un “atajo” que en realidad es un agujero.
El fraude en préstamos de día de pago se dirige a personas que necesitan dinero rápido y promete una aprobación rápida y fácil del préstamo con documentación mínima.
Existen aplicaciones fraudulentas y poco seguras que pueden recopilar datos personales y financieros de los usuarios y utilizarlos para cometer fraude. Investigaciones de ciberseguridad han detectado campañas de malware en Android que se hacen pasar por apps de préstamos y, una vez instaladas, roban información personal y la usan para extorsionar con chantaje directo (“paga o publicamos tus datos/fotos”). Un ejemplo en 2022 fue la app MoneyMonger, ya eliminada. Las detecciones de este tipo de aplicaciones, conocidas como “SpyLoan”, se dispararon alrededor de un 90 % entre la segunda mitad de 2022 y la primera de 2023, según ESET. Y el problema no se frenó ahí: en 2023 localizaron otras 18 aplicaciones maliciosas de este estilo, que sumaban unas 12 millones de descargas adicionales.
Para evitar caer en esta estafa, desconfía de aplicaciones de préstamo que provengan de enlaces sospechosos, como los enviados por WhatsApp.
Los sitios web y las aplicaciones de préstamos en línea pueden ser una trampa mortal, ya que, al igual que ocurre con las apps, los estafadores pueden crear sitios web y aplicaciones que parezcan legítimos para recopilar datos personales y financieros de los usuarios. Sin embargo, hay varias maneras de identificar este tipo de fraudes.
Un prestamista legal siempre se identifica. Si entras en una página de préstamos y no ves el nombre de la empresa, su razón social, NIF/CIF, dirección física y formas de contacto (teléfono fijo, email corporativo, no solo un formulario genérico), mala señal. Si además no aparece aviso legal, política de privacidad ni información sobre quién es el responsable del tratamiento de tus datos, estás ante una web que está esquivando la normativa básica.
Por otro lado, una página web segura debe tener el ícono de candado (HTTPS). Si no lo tiene, significa que no es segura. Aunque ojo, porque hoy en día, el 99% de las webs de estafas tienen certificado SSL (candado). Por lo tanto, que tenga el candado es obligatorio, pero no garantiza que la empresa sea real.
Además, una página web segura tiene coherencia visual. Fíjate en los detalles que no cuadren, como dominios raros (con guiones extraños, nombres que imitan a bancos conocidos cambiando una letra), logos pixelados, textos llenos de faltas de ortografía o traducciones tipo “Google Translate”, secciones en blanco o enlaces que no llevan a ninguna parte… Todo eso son pistas de que detrás no hay una entidad profesional y estás frente a una página diseñada con prisas para captar víctimas a través de un formulario.
Un falso prestamista te promete dinero rápido y fácil, sin requisitos, para ganarse tu confianza y que le des tus datos y “pagos por adelantado” disfrazados de seguro, comisión o gastos de gestión. En cuanto recibe ese dinero (normalmente por vías difíciles de rastrear), el préstamo nunca llega: desaparece o te pone excusas para intentar sacarte aún más, e incluso puede usar tus datos para otros fraudes.
El modus operandi es así:

Para protegerte de un fraude online, comprueba que la empresa tiene un CIF español y está inscrita en el Registro Mercantil. Las entidades serias, como Vivus, forman parte de la AEMIP (Asociación Española de Micropréstamos).
Investiga y verifica la legitimidad del sitio antes de proporcionar información personal y financiera. Busca opiniones fuera: reseñas en Google, foros, comparadores de préstamos. Si no aparece absolutamente nada, o solo encuentras comentarios de gente denunciando estafas, es mejor cerrar la página y salir corriendo.
Además, lee siempre las condiciones y términos de los préstamos personales antes de aceptarlos y no proporciones información personales y financiera a través de correo electrónico o redes sociales.
Si sospechas que has sido víctima de un fraudes, lo mejor es buscar ayuda de autoridades financieras y organismos de protección al consumidor como el Banco de España, la Policía Nacional o la Guardia Civil (delitos telemáticos), así como asociaciones de consumidores tipo OCU o FACUA, que pueden orientarte sobre los pasos legales a seguir. No olvides tampoco avisar a tu banco cuanto antes, bloquear posibles cargos, guardar todas las pruebas (capturas de pantalla, contratos, correos, mensajes) y, si han usado tus datos personales, plantearte una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos.
Aprende también a proteger tus contraseñas en préstamos aquí.
Para el consumidor, el primer golpe es la pérdida de dinero, que puede ir de unos cientos de euros a miles. Sin embargo, el problema no acaba ahí. Si los estafadores han tenido acceso al DNI, al número de cuenta y a otros tipos de datos personales, pueden seguir solicitando créditos al nombre del consumidor, dejar de pagarlos y arrastrarlo a ficheros de morosos sin que la víctima lo sepa. Limpiar este tipo de rastros cuesta mucho, y si se acumulan siguen costando dinero, tiempo y salud mental (porque las consecuencias de un fraude también son psicológicas: vergüenza, rabia, miedo e incertidumbre).
Por eso, cuando hay sospecha de fraude, los expertos insisten en reaccionar rápido, avisar al banco, recopilar toda la documentación posible y denunciar tanto ante la policía como ante las autoridades de consumo. Cuanto antes se ponga freno, más opciones hay de limitar el daño.
Desconfía de cualquier “prestamista” que te prometa dinero fácil, sin comprobar nada y a cambio de pagar primero una comisión por adelantado. Nunca envíes dinero, documentos ni selfies con tu DNI a través de enlaces que te lleguen por SMS, WhatsApp o redes sociales; acude siempre a la web oficial del prestamista tecleando tú mismo la dirección en el navegador.
Comprueba que la empresa muestra claramente razón social, CIF/NIF, dirección física, teléfono y aviso legal, y que figura en los registros oficiales (por ejemplo, en el Banco de España si corresponde). Busca opiniones fuera de su propia web, revisa que la app esté en las tiendas oficiales y desconfía si ocultan la TAE, las comisiones o te piden permisos exagerados en el móvil.
Lo primero es cortar todo contacto con el supuesto prestamista, avisar a tu banco para bloquear pagos y cambios sospechosos y guardar todas las pruebas: correos, mensajes, anuncios, capturas de pantalla. Después, denuncia ante la Policía o Guardia Civil (delitos telemáticos) y pide ayuda a organismos de consumo para reclamar y, si han usado tus datos, informa también a la Agencia Española de Protección de Datos.
Protege tus datos como si fueran dinero: no compartas fotos de tu DNI, nómina o tarjetas por mensajería ni redes, y desconfía de cualquier correo o SMS que te pida “verificar” información pulsando en un enlace. Revisa con frecuencia tus cuentas y comunicaciones bancarias, activa avisos de movimientos y, si ves contratos o préstamos que no reconoces, actúa de inmediato: puede ser la primera señal de una suplantación.
Ahora ya sabes qué es y cómo identificar préstamos que, en realidad, son un fraude. Si necesitas solicitar un préstamo, Vivus es una entidad segura que puede ayudarte en caso de apuro. Revisa nuestros préstamos personales para más información.