Viajar sin prisas

Viajar sin prisas: una nueva forma de hacer turismo

Vivimos tan estresados que nos cuesta relajarnos y estar tranquilos hasta en vacaciones. Si además apuntamos mal eligiendo el destino o el hotel, podemos convertir nuestro viaje de placer en un estresante infierno del que regresaremos sin descansar. ¿Por qué no viajar sin prisas?

Las vacaciones son para desconectar y esto será difícil de conseguir si nos alojamos en un hotel de 700 habitaciones, comemos a toda prisa como si se fuese a acabar la comida del buffet, tomamos fotografías constantemente o intentamos hacer el mayor número de visitas turísticas. ¿Dónde queda el relax y el placer?

Para evitar que esto ocurra, tenemos el slow travel o viajar sin prisas, una nueva forma de enfocar el turismo y las vacaciones. Esta tendencia cada vez tiene más adeptos y defiende una forma de turismo más relajada y menos masificada.

Cualquier persona que quiera utilizar sus vacaciones para relajarse puede practicarlo. Basta con que se lo proponga y con que quiera hacerlo. Si vives en una gran ciudad como Madrid o Barcelona, con un ritmo de vida muy acelerado y sin tiempo para la calma, deberías plantearte hacer un viaje de este tipo al menos una vez al año.

Cuatro consejos para viajar sin prisas

Según los defensores del movimiento, para que un viaje se considere slow travel han de darse dos condiciones: primero, que la estancia dure al menos una semana; y segundo, que se disfrute con calma y sin prisas de las cosas del lugar.

Aquí van algunos consejos para que tus vacaciones sean lo más placenteras y relajantes posibles:

  1. Evita los destinos de masas.

La Costa del Sol en Agosto o la estación de esquí de Sierra Nevada en Enero no son los mejores lugares del mundo para descansar en esas fechas. Si quieres viajar sin prisas es mejor hacerlo a una ciudad pequeña o a un pueblo de interior. Nuestro consejo es que busques un destino alejado de las aglomeraciones y cercano a los entornos naturales.

  1. Busca un alojamiento modesto.

Olvídate de grandes hoteles llenos de gente ubicados en el centro o en primera línea de playa. En su lugar, opta por un alojamiento más modesto, como un hotel pequeñito, una posada local o una casa rural. Te recomendamos que no contrates ninguna comida para que en todo momento puedas ser libre de comer cuando y dónde quieras. Las ataduras horarias no nos ayudarán a relajarnos.

  1. Sal a conocer tu destino.

No te quedes encerrado en la habitación meditando como si fueses un ermitaño. Esa no es la filosofía del slow traveller. Has de salir fuera y conocer tu destino. Date una larga caminata por las mañanas y visita tranquilamente las tiendecitas que encuentras a tu paso, piérdete callejeando y habla con los habitantes locales.  Es muy importante que te mimetices con el lugar y te sientas parte de él.

  1. Aléjate de la tecnología.

Deja el ordenador en casa e intenta utilizar lo menos posible tu teléfono móvil. La tele, ni la enciendas. Por una vez en tu vida y solo durante unos días, aléjate de todo lo que huela a tecnológico. Sabes mejor que nadie que necesitas una cura de desintoxicación de pantallas. Aprovecha tu viaje sin prisas para conseguirlo.

El slow travel es un estilo de viaje diferente al habitual y que si pruebas una sola vez terminarás repitiendo cada año.

Si ya has tenido una experiencia parecida nos encantaría conocerla en los comentarios.