evitar marrones

Aprende a evitar marrones en la oficina

En cualquier oficina hay una serie de tareas que todo el mundo trata de evitar a toda costa: los marrones. Un marrón es un trabajo que nadie quiere hacer.  A veces se trata de tareas muy engorrosas y que exigen realizar un trabajo muy tedioso. Otras veces son trabajos con una gran dificultad que obligan al empleado a dar el 120% de sí mismo. A veces los marrones son tareas de última hora, trabajos que surgen de forma casi imprevista y que hay que asignar a algún empleado. En estos casos, son labores que no aportan ningún aliciente profesional. Sin embargo, muchos jefes las “venden” como una forma de comprobar cuál es el grado de implicación del empleado con la empresa.

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Existen unos perfiles de personas más proclives que otros a asumir marrones. En la mayoría de los casos son los empleados que menos tiempo llevan en la empresa, como los becarios o los que tienen contratos de corta duración. Sin embargo, también pueden recaer sobre personas sumisas incapaces de dar un “no” por respuesta. Los empleados más pelotas también suelen encajar bastantes marrones.

Cuando el marrón es una tarea muy compleja la empresa suele buscar a un empleado veterano, con gran capacidad organizativa y muy resolutivo para llevarla a cabo. Puede pasar que incluso sea un mando intermedio el que se quede ese trabajo porque no se fíe de ningún subordinado.

Cómo evitar marrones

Llegamos al quid de la cuestión: ¿cómo evitar que el marrón caiga sobre ti? Lo primero que tienes que hacer para evitar marrones es aprender a detectarlos. Si llevas cierto tiempo trabajando en la misma empresa deberías conocer la forma de proceder de tu jefe cuando quiere encasquetar un marrón. Por ejemplo, si la frase empieza por “sé que estás muy ocupado pero…” o “necesito urgentemente…” es seguro al cien por cien que tienes un marrón frente a ti.

Algunos marrones son tareas que han estado bloqueadas durante mucho tiempo (quizás porque nadie ha querido hacerlas) y en otros casos son nuevos proyectos que aún no se han puesto en marcha. Tanto en un caso como en otro, has de tener buen olfato para saber cuándo la empresa ha puesto el foco en ti para que las ejecutes.

Una fórmula muy efectiva para evitar marrones es hacerle ver a tu jefe que tienes un montón de trabajo pendiente. No te pedimos que mientas y te hagas el ocupado, sino que estés ocupado de verdad: cárgate con todo el trabajo que puedas. Si eres especialmente bueno en ciertas tareas, ofrécele tu ayuda a tus compañeros para hacerlas. Si vas con la frase “¿quieres que te ayude a..?” difícilmente alguien te dirá que no.

Como resultado, tendrás un trabajo extra de varios días, quizás un par de semanas, y tu jefe no te asignará el marrón que astutamente tú estás tratando de evitar. Además, como efecto colateral te venderás a la empresa como un empleado responsable que quiere ayudar a sus compañeros.

Si a pesar de todas tus precauciones el marrón cae encima tuya y no tienes más remedio que aceptarlo, puedes intentar enmarronar al que te enmarrona. En otras palabras, tratar de esquivar el marrón haciéndole ver a tu jefe que también él se va a ver afectado por el mismo.

Por ejemplo, si se trata de ejecutar un nuevo proyecto, pide un curso de formación argumentando que no te sientes capacitado con tus conocimientos actuales. Como lo más seguro es que te diga que no, pide que al menos te libere de otros trabajos que habitualmente haces para que así puedas tener más tiempo libre para buscar información en internet.

Piensa que nadie quiere hacer ese trabajo, por lo que tu jefe no tendrá más remedio que aceptar tus condiciones, o al menos algunas de ellas. Cuenta la leyenda que ante marrones de proporciones dantescas incluso puedes llegar a conseguir dos o tres días libres. ¡Mucha suerte!

 

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