economía colaborativa

¿Qué actividades son economía colaborativa y cuáles no?

La economía colaborativa está en pleno auge. Oímos hablar continuamente de plataformas innovadoras que surgen, de nuevas soluciones, nuevos interrogantes … Pero ¿qué es la economía colaborativa? ¿Qué actividades entran dentro de sus límites?

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Como ocurre en cualquier campo que se expande a gran velocidad, la exploración teórica va desarrollándose al mismo tiempo que la propia práctica. La confusión, las ambigüedades e incluso las lagunas jurídicas son consecuencias y causas de una cierta indefinición. Por ello, Adigital (Asociación Española de la Economía Digital) y Sharing España (organización que representa a empresas de economía colaborativa) han realizado un informe en el que quieren dar luz sobre este nuevo fenómeno. En este sentido incluye:

  • Una definición de los tres tipos de economía que se localizan según los autores («colaborativa», «bajo demanda» y «de acceso»).
  • Una enumeración de actividades que se encuadrarían en las tres categorías.
  • Conclusiones, recomendaciones y retos futuros.
  • Ejemplos de las plataformas, descripción de sus actividades y de su impacto positivo.

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Economía colaborativa, bajo demanda y de acceso

Como «economía colaborativa» entrarían aquellas plataformas online que funcionan como intermediarias, posibilitando el intercambio de bienes y servicios, con o sin contraprestación económica. Ya sea entre iguales (particulares o empresas), o de particulares a empresas (siempre que se origine desde los primeros). Cumplen los requisitos de la definición propuesta ejemplos conocidos como compartir viviendas entre particulares (Couchsurfing), prácticas como el carpooling (Blablacar), el crowdfunding o la compraventa de productos de segunda mano (Wallapop).

Fuera de la economía colaborativa propiamente dicha quedaría, según el estudio, la economía bajo demanda, en la que se forma entre los usuarios una relación comercial. Reúne las opciones en las que una plataforma interviene como intermediaria, y en este caso entre los profesionales, que prestan el servicio, y los consumidores. En tales casos lo habitual es la existencia de ánimo de lucro, por lo que se debe aplicar la normativa mercantil como regulación básica de la actividad.

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El tercer grupo, la economía de acceso, estaría formada por plataformas que permiten compartir por ejemplo un coche (propiedad de la empresa titular de la plataforma) entre varios usuarios que lo usan alternativamente o espacios de coworking para alquilar zonas de trabajo en determinadas horas. En estos casos la clave está en que es la empresa la que provee de forma directa el servicio.

Como se puede observar, la economía colaborativa implica una serie de cambios, grandes y pequeños, radicales y estéticos, en los valores predominantes hasta la fecha. Asistimos desde ya a una adaptación en todos los frentes.

En un mundo que se construye día a día con millones de usuarios en constante retroalimentación, los retos que se abren son apasionantes, ¿no crees?

 

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