deudas

Deudas buenas vs. deudas malas: aprende a diferenciarlas

Por norma general, a nadie le gustan las deudas. Estas siempre son percibidas como algo negativo y todo el mundo intenta huir de ellas. Sin embargo, no todas las deudas son iguales. Existen deudas que nos empobrecen, pero también otras que nos permiten ganar dinero. En este artículo repasaremos las diferencias entre las deudas buenas y las deudas malas.

Deudas malas

Las deudas malas surgen cuando decidimos comprar algo que no podemos permitirnos pagar al contado. Por ejemplo, la hipoteca de la casa, el préstamo del coche o las compras con la tarjeta de crédito. Estas deudas nos hacen más pobres, ya que en la práctica suponen traer un dinero del futuro que tendremos que devolver junto con sus correspondientes intereses.

Las deudas malas no reportan ningún tipo de beneficio más allá del consumo del bien que adquirimos con ellas. En definitiva, sirven para comprar pasivos, es decir, cosas que no nos ofrecen ninguna rentabilidad económica, sino todo lo contrario: nos hacen perder libertad financiera.

Si alguien paga sus vacaciones con tarjeta de crédito, está generando deuda mala. La compra de un televisor 4K en 36 cuotas sin intereses pero con una comisión de apertura de 60 euros, también es una deuda mala. Cualquier préstamo al consumo que se amortice en un plazo superior a la vida del producto financiado es una deuda mala.

Existen algunas deudas que no solo son malas, sino que son muy malas. Nos referimos a aquellas que tienen un TAE muy elevado. Este tipo de deuda es sumamente peligrosa ya que tiende a crecer como una bola de nieve si nos despistamos y no somos cuidadosos.

Por ejemplo, son deudas muy malas los descubiertos en cuenta que algunas personas utilizan para financiar los gastos de los últimos días del mes a la espera de que le ingresen la nómina o los pagos aplazados durante mucho tiempo con tarjetas de crédito.

Deudas buenas

En contraposición a las deudas malas existen otras deudas que se consideran buenas y que son desconocidas por muchas personas. Una deuda buena consiste en pedir dinero prestado con el objetivo de adquirir bienes o realizar inversiones que nos van a reportar un flujo de dinero hacia nuestro bolsillo.

Con las deudas buenas se compran activos que nos reportan una rentabilidad, por lo que son útiles para aumentar nuestra riqueza. Las deudas buenas también conllevan el pago de unos intereses y comisiones. Sin embargo, la rentabilidad que obtenemos gracias a ella es superior a sus costes derivados. De lo contrario, serían deuda mala.

Por ejemplo, hay gente que se endeuda para comprar una vivienda que posteriormente destina al alquiler. Si la cuota a pagar cada mes por la hipoteca es de 400 euros y luego alquilan la casa por 700 euros mensuales, cada mes obtienen una rentabilidad de 300 euros. En este caso, la deuda con la que compran la casa es buena. Decimos que estas personas se han apalancado.

En general, la compra de cualquier bien cuyo valor va a aumentar con el paso del tiempo es una deuda buena. Los apartamentos cercanos a la playa, las antigüedades y los vehículos de época son algunos ejemplos. Si una persona se endeuda para financiar un proyecto emprendedor y crear su propia empresa, esto también es una deuda buena.

No obstante, hay que reseñar que las deudas buenas también implican riesgos. Una mala inversión puede arruinar a una persona. Como prueba, pregunten a los que invirtieron en inmuebles allá por el año 2007. El crédito es una herramienta muy útil para aumentar el patrimonio si y solo si se utiliza con cabeza y de forma correcta. De lo contrario, podría darnos un gran disgusto.