Como lo barato no siempre ha de ser caro

¿Lo barato siempre sale caro?

España es un país en el que la cultura de los refranes está bien arraiga. Tanto es así que incluso existen frases populares y refranes para referirse a los hábitos de consumo. Uno de ellos, quizás el más popular, es el que apunta a que “lo barato siempre sale caro”. ¿Pero es esto cierto?

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Siempre nos han dicho que generalizar no es bueno, y en este caso no vamos a hacer una excepción. Aunque es cierto que el frenesí consumista puede llevarnos a muchos a pensar que más precio significa necesariamente mayor calidad, en este artículo vamos a desmontar el tópico con algunos ejemplos de la vida real.

La profunda crisis económica que ha atravesado nuestro país ha cambiado los hábitos de consumo de las personas y el modelo productivo de muchas empresas. Como resultado, cada vez es más frecuente encontrarnos con bienes y servicios de una calidad excelente que compiten con otros con un precio muy superior. ¿Merece la pena ese gasto extra?

Agencias de viajes como Rumbo, Kayak o Trivago; compañías de vuelo como Vueling o Ryanair; supermercados como Mercadona, Lidl o Día, con sus respectivas marcas blancas; bancos online como ING Direct; operadores móviles virtuales como Pepephone y Eroski Móvil;  y compañías de seguros como Línea Directa, Verti o Direct Seguros son algunos ejemplos de que precios bajos también pueden asociarse con bienes y servicios de gran calidad.

¿Queremos hacer un viaje al extranjero? ¿La compra mensual? ¿Asegurar nuestro vehículo o nuestra casa? ¿Reducir nuestro consumo telefónico? Existen opciones caras, por supuesto. Nos referimos a compañías tradicionales que tal vez se hayan quedado fuera de las nuevas necesidades del mercado, pero también otras opciones mucho más baratas e igual o más interesantes que estas últimas.

Cada uno hace con su bolsillo lo que quiere, pero cierto es que ya ha llegado el momento de perderle el miedo a los productos “low cost”. La frase de “lo barato sale caro” no es, ni mucho menos, una verdad absoluta. No existen, por tanto, motivos para desconfiar de los precios baratos.

Te propongo un ejercicio con el que reflexionar sobre tus hábitos consumistas: piensa en cinco bienes o servicios que hayas adquirido recientemente e investiga por internet si existían otras alternativas más baratas e igual de válidas. En los comentarios lo analizamos. Ya tienes deberes.