inflación

Ha llegado la inflación, ¿debemos preocuparnos?

Como seguro que ya sabes, en un país se produce inflación cuando los precios de los bienes y servicios suben de forma continua y sostenida en el tiempo. Por ejemplo, si los combustibles o la electricidad suben mes a mes y ello repercute en la subida del resto de productos que más consumimos, estamos hablando de que existe inflación.

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En España, el indicador que mide la inflación se denomina Índice de Precios al Consumo, popularmente conocido por su abreviatura IPC, y lo publica cada mes el Instituto Nacional de Estadística (INE). Para su elaboración se parte de una cesta de bienes y servicios ponderada según lo que se pretende medir y representativa de lo que consumimos los españoles, de forma que la variación del precio promedio de esta cesta se traduce en aumentos o disminuciones del IPC.

Esta subida de precios puede deberse a distintos factores, pero los más importantes son dos: la inflación de demanda y la inflación de costes. La primera se refiere a que el precio de los bienes sube más rápido que la oferta; mientras que la segunda hace referencia al incremento de los costes de producción de las empresas, los cuales se traduce en subidas de los precios de venta de dichos artículos.

Si analizamos la evolución del IPC observamos como este arrancó en 2016 en terreno negativo (-0,3%) y se mantuvo en cifras negativas durante ocho meses más. Sin embargo, a partir de septiembre entró en terreno positivo, en concreto, en el 0,2%. A partir de ahí el incremento ha sido constate, llegando a crecer 1,4 puntos durante el último trimestre del año. Con esto, el IPC entraba en 2017 en cifras positivas. El pasado mes de febrero se situó en el 3%, misma tasa que en enero. ¿Qué significa este baile de cifras, te preguntarás? Pues que sin lugar a dudas, ha llegado la inflación.

¿Quién se ve perjudicado por la inflación?

Nos preguntábamos en el titular si debemos preocuparnos por la llegada de la inflación y la respuesta es sí, bastante. Porque en general, precios más altos se traducen en un menor poder adquisitivo de los consumidores si los salarios o las pensiones no se incrementan en la misma proporción que sube el IPC. Como esto no está ocurriendo, obviamente, esta subida de precios generalizada nos perjudica.

Los pensionistas, con la última reforma del sistema de pensiones, que desvincula pensiones e IPC, son el primer grupo de perjudicados por la inflación, ya que han visto significativamente mermado su poder adquisitivo.  También los trabajadores son otro grupo perjudicado por la inflación, pues los salarios están creciendo muy por debajo del IPC y, por tanto, también están perdiendo significativamente poder adquisitivo según van aumentando los precios.

Por otra parte, los ahorradores e inversores se han convertido en otro grupo perjudicado por la inflación, pues están viendo disminuida su recompensa por haber renunciado a consumir en el momento en que invirtieron el dinero. Descontando el IPC, de media los plazos fijos perdieron una rentabilidad real del -1,35% el pasado año.

Por último, las empresas exportadoras de productos nacionales han perdido competitividad respecto a sus competidoras europeas y es muy probable que vean reducidas sus ventas en los mercados internacionales como consecuencia de la inflación.

En resumen, malas noticias. Parece ser que la inflación ha llegado y no tiene la más mínima intención de marcharse. Veremos como evoluciona según van pasando los meses.

 

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