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Teletrabajo: no es oro todo lo que reluce

El avance tecnológico y la expansión de internet han dado lugar a nueva forma de trabajar: el teletrabajo. Los teletrabajadores, me incluyo en el saco, realizamos nuestro trabajo desde casa, delante de un ordenador y sin necesidad de coger el coche o el autobús para ir a la oficina. Parece un trabajo ideal. ¿A que sí?

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La principal ventaja del teletrabajo es que no hay que desplazarse a la oficina, por lo que el ahorro de tiempo y de dinero es importante. Esta situación puede facilitar la conciliación de la vida familiar y profesional. Sin embargo, como veremos a continuación, no es oro todo lo que reluce.

Los principales inconvenientes del teletrabajo

Necesitamos un espacio físico, es decir, un rinconcito de nuestra casa convertido en oficina, con su ordenador, su impresora y todo el material necesario para trabajar, que por supuesto pagamos de nuestro bolsillo. El espacio puede llegar a ser un problema si nuestra casa no es demasiado grande y, por una mera cuestión de productividad, no es recomendable vagar de habitación en habitación, según las circunstancias.

La disciplina y el autocontrol son fundamental. No podemos dejarnos llevar por el relax de trabajar en casa, sin horario y sin control externo. Es fundamental una buena dosis de disciplina en forma de horario lo más estricto posible -a no ser que queramos trabajar 24 horas al día-, así como marcarnos unas pautas y normas de obligatorio cumplimiento.

Interrupciones constantes. Si estamos solos en casa, no habrá interrupciones. Salvo por la parada para el café, la llegada del cartero, el comercial que quiere que cambies de compañía eléctrica, la lavadora, etc. En el caso de que alguien más esté en casa mientras trabajas, las interrupciones serán aún más constantes. Si hay niños en casa mejor ni hablamos.

Es extraordinariamente fácil perder la concentración. En un ambiente de trabajo como es una oficina, se respira ambiente de trabajo. En el hogar, se respira ambiente de hogar, por lo que resulta extraordinariamente sencillo perder la concentración. Esta situación se traduce en una baja productividad si no somos capaces de controlar nuestros cinco sentidos.

No hay equipo, estamos solos. Aunque es fácil estar comunicado con el resto del equipo gracias a internet, lo cierto es que el teletrabajador, en realidad, trabaja solo, sin más calor que el que desprende su ordenador portátil. Para bien o para mal no hay conexión emocional con el resto de empleados de la plantilla.

En definitiva, trabajar desde casa no es tan bonito como lo pintan y puede generar un aumento de la tensión y del estrés del trabajador. Creedme si os digo que no todo el mundo está preparado para entremezclar hasta el extremo su vida privada con su vida laboral. ¡Un cóctel explosivo!

 

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