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Horario de verano, ¿supone realmente un ahorro?

El cambio de hora y la llegada del horario de verano están detrás de la esquina. En la madrugada del próximo sábado 26 de marzo al domingo 27 de marzo, a las 02:00 horas tendremos que adelantar el reloj una hora y colocar las manecillas en las 03:00 horas. La razón: el ahorro de energía, ¿pero supone realmente un ahorro significativo el horario de verano?

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La controversia en torno a los cambios de hora en España (dos al año) siempre ha estado presente. La primera vez que se aplicó un cambio de horario en nuestro país fue en 1974, a raíz de la primera crisis del petróleo. Posteriormente, en 1981 la Unión Europea unificó fechas de cambio horario en todos sus estados miembros: el último domingo de octubre comenzaría el horario de invierno y el último domingo de marzo el horario de verano.

El cambio de hora se hace en nombre del ahorro, con el objetivo de aprovechar mejor las horas de sol. Sin embargo, no está claro que este ahorro sea notorio. La propia Comisión Europea señaló en una ocasión que el ahorro ronda el 0,5 % sobre el consumo nacional de un país, si bien también hay publicaciones que indican que el efecto es nulo e incluso negativo.

Los defensores del cambio de horario señalan que, además del ahorro energético, este disminuye la contaminación ambiental, así como los accidentes de tráfico. Además, favorece al comercio y aumenta el tiempo de ocio, lo cual repercute positivamente en nuestra salud.

Sin embargo, sus detractores apuntan a que desde un punto de vista de ahorro, el cambio de hora puede favorecer la aparición de picos de demanda de electricidad, además de que aumenta el uso del aire acondicionado, al haber más horas de calor, por lo que el ahorro eléctrico es insignificante. Por otra parte, apuntan a que el cambio de hora se traduce en trastornos en el sueño, sobre todo en niños y ancianos.

Por tanto, tenemos opiniones para todos los gustos. En mi opinión, el cambio horario supone un pequeño beneficio en unos casos, un pequeño perjuicio en otros y es indiferente en la mayoría de ocasiones. Quizás más interesante que el de los cambios de horario de verano o invierno sea la adaptación de los horarios laborales, para que sean lo más razonables y racionales posibles. ¿Dejamos el debate para un futuro artículo?