Tarjetas de crédito

Tarjetas de crédito, ¿tienen alternativas o estoy condenado a usarlas?

En la actualidad, las tarjetas de crédito son uno de los medios de pago más utilizados. Las grandes ventajas que ofrecen son su sencillez y sus facilidades para fraccionar los pagos en cómodas cuotas. Por si esto no fuese suficiente, muchos establecimientos comerciales fomentan su uso con descuentos y promociones.

Sin embargo, usadas sin control, las tarjetas de crédito son muy peligrosas por varios motivos: elevado tipo de interés (sobre todo en la modalidad revolving), pagamos a crédito con un dinero que no es nuestro (por tanto, nos endeudamos), pueden generar adicción a las compras, altas comisiones (de emisión, de mantenimiento, por segundo beneficiario…), etc.

En nuestra opinión, las tarjetas de crédito presentan más inconvenientes que ventajas. Por tanto, nuestra recomendación es que las uses lo menos posible, y si no te queda más remedio que usarlas, al menos hazlo con cabeza: gasta solo el dinero que tienes en tu cuenta corriente, paga siempre a final de mes y nunca en modo revolving, ten solo una tarjeta disponible…

¿Quieres ser un poco más extremista? Entonces cancela todas tus tarjetas de crédito y usa fórmulas de pago alternativas. ¿Cuáles? Pues hay muchas. En este artículo te vamos a explicar las tres más importantes y, con toda seguridad, las más usadas: el dinero en efectivo, el pago con el móvil y las pasarelas de pago como Paypal.

 

Tres alternativas a las tarjetas de crédito

 

  1. El dinero en efectivo.

La primera opción para evitar las tarjetas de crédito es la más sencilla de todas: pagar con dinero en efectivo.  Aunque se habla mucho sobre si el dinero en efectivo terminará desapareciendo o no, lo cierto es que a día de hoy es un escenario bastante improbable, al menos en Europa.

La principal ventaja de esta forma de pago es que con toda seguridad gastaremos menos dinero. No es lo mismo pasar una tarjeta de crédito por un datáfono y pagar 125 euros en ropa, que sacar la cartera del bolsillo y pagar esos mismos 125 euros con billetes y monedas.

Cuando tocamos el dinero con nuestras propias manos y nos desprendemos de él físicamente, la sensación de pérdida es mayor y, por tanto, somos más conscientes del gasto.

No obstante, el dinero en efectivo como medio de pago también presenta algunos inconvenientes: estamos obligados a llevarlo siempre encima, podemos perderlo, nos lo pueden robar, se puede estropear… Además, es más difícil tener el control de los gastos diarios si pagamos en efectivo (con tarjeta basta con consultar el extracto bancario).

 

  1. Pago con el móvil.

La mayoría de los teléfonos móviles que se venden en la actualidad permiten pagar con ellos en tiendas y establecimientos comerciales de todo tipo. Aunque aún son muchas las personas que no se han atrevido a probarlo, lo cierto es que pagar con el móvil es algo que poco a poco se está convirtiendo en habitual.

Solo es necesario un móvil con un tipo de conexión llamada NFC (casi todos la tienen) y una aplicación compatible con tu banco. Por ejemplo, los iPhone utilizan Apple Pay y los teléfonos Android pueden usar la app G-Pay. Samsung también tiene una solución de pagos móviles propia llamada Samsung Pay. Otra opción es usar la app propia de cada banco (Twyp de ING, Sabadell Wallet, Evo Wallet, etc)

En cualquiera de los casos, el proceso es muy sencillo. Basta con que configuremos la app móvil con los datos de nuestra tarjeta bancaria y listo. A partir de aquí, solo tendremos que acercar nuestro teléfono móvil (con el NFC activado) al datáfono del establecimiento y si este es contactless (la mayoría lo son) podremos hacer el pago en segundos.

Como ves, pagar con el móvil es bastante cómodo y evita que tengamos que cargar con las tarjetas bancarias a todas partes. Además, no hay importe mínimo de pago (igual que con las tarjetas), puede usarse en la mayoría de comercios, supermercados, bares, tiendas, etc y es un pago gratuito (tu banco no te cobrará ninguna comisión).

 

  1. Paypal.

Si eres un habitual de las compras online, seguro que conoces Paypal, una pasarela de pagos que no solo permite hacer pagos de forma online, sino también enviar dinero y aceptar ingresos de otras personas sin necesidad de pasar por un banco ni introducir tus datos una vez tras otra.

Su funcionamiento es muy sencillo: primero, te creas una cuenta en Paypal en unos minutos; segundo, vinculas tu tarjeta o tu cuenta corriente; y tercero, pagas usando un email y una contraseña. No hay más; es así de fácil y de rápido.

La gran ventaja de Paypal es que es muy seguro. Fue una de las primeras fintechs en llegar al sector de pagos online y ha desarrollado una tecnología de cifrado y prevención de fraudes realmente eficaz. Además, ofrece la posibilidad de reembolsar el importe de los pagos en el caso de que el producto no te llegue o de que no coincida con la descripción original.

En resumen, te recomendamos encarecidamente que uses Paypal si es que aún no lo has hecho. Es una excelente alternativa para prescindir de las tarjetas de crédito y la mayoría de los negocios online lo incluyen como forma de pago. Tanto es así que resulta raro y genera desconfianza entrar a una web y que no tenga la opción de pagar vía Paypal.

Otra pasarela de pagos muy parecida a Paypal y que rivaliza con ella es Stripe. De hecho, es aún más flexible que Paypal y admite más formas de pago. Los comercios online cada vez la usan más porque sus comisiones son más bajas y porque se integra mejor con el sistema.

Como puedes ver, hay vida más allá de las tarjetas de crédito. Por muy acostumbrados que estemos a usarlas, existen otras opciones más atractivas y fáciles de utilizar. ¿Las usas?