Transiberiano

De Moscú a Pekín en el Transiberiano: el viaje más loco que puedes hacer esta Navidad

Si ahora mismo salieras caminando de Moscú hacia el este, con una mochila llena de ganas y de ilusión, tardarías unas 1.500 horas (más de dos meses sin parar) en recorrer los aproximadamente 8.000 km que la separan de Pekín. Disparates aparte, hay una manera mucho más bonita de hacer el mismo viaje. Acompáñanos en un viaje de Moscú a Pekín por el Transiberiano.

Pasajeros, ¡al tren!

¿Qué es el Transiberiano?

No sabemos si se había echado una novia en Siberia o qué pero en 1891 el zar Alejandro III arrancó las obras de la que se convertiría en la línea ferroviaria más larga del mundo. Aprovechando mano de obra esclava, estos rusos van al céntimo, conectó Moscú con el Pacífico en una vía que hoy en día sigue siendo un eje importante para el comercio ruso.

La línea original tiene su última parada en Vladivostok, en la costa del mar de Japón, pero en este viaje vamos a combinar el Transiberiano con otro tren de esos en los que nadie en tu familia entienda que quieras viajar, el Transmongoliano. Ya has adivinado que cruza Mongolia, ¿verdad?

LAS PARADAS ENTRE MOSCÚ Y PEKÍN

Dónde y cuánto te vayas a parar dependerá del tiempo del que dispongas. Este no es un viaje para tener prisa; ¿has visto a los turistas japoneses en tu ciudad acelerados saltando de una visita a otra como si las fueran a prohibir? Esto es lo contrario. Aquí la esencia del viaje es el propio viaje. No vas a ningún lado, el desplazamiento es el único monumento.

Algunos de los sitios de paso casi obligados son estos:

Kazan: apenas 12 horas después de dejar la fría estación central moscovita volverás a pisar tierra firme en Kazan. Si la emoción de la primera parada no te despierta de la somnolencia que provoca el ligero traqueteo del tren puedes darte un baño en el Volga.

Ekaterimburgo: superando el umbral de los montes Urales llegamos a la cuarta ciudad más grande de Rusia. Te parecerá que tras otras 13 horas en un tren casi estés en el fin del mundo, pero esta ciudad todavía está en el oeste del país.

Novosibirsk: para cuando hayamos llegado a la principal ciudad de la Rusia asiática ya deberías haberle cogido cariño a tu asiento, porque hemos tardado 20 horas en recorrer otros 1720 km. Lo más positivo del viaje, mirar por la ventanilla y comprobar, por fin, que la taiga existe de verdad. Tu profe del cole estaba en lo cierto.

Irkutsk y el lago Baikal: al sur de la ciudad de Irkutsk, a 5200 km de Moscú, se encuentra uno de los atractivos más esperados del viaje, el lago Baikal. El lago de agua dulce más profundo del mundo con 1600 metros. La sensación viajando por su orilla en el Transiberiano es como si lo flotaras sobre su gigante superficie. ¡Saca la cámara!

Mongolia: En Ulan Ude abandonamos la línea original del Transiberiano para cruzar Mongolia pasando por su capital, Ulan Bator, en su ramal hacia el sur, el Transmongoliano. Hemos tenido que tomar una decisión, y aunque la alternativa era el también legendario ferrocarril Baikal-Amur, nuestro destino es Pekín.

Por el desierto de Gobi hasta Pekín: Más de dos semanas después ponemos pie en Pekín. La aventura por la infinita Siberia nos ha demostrado grandes contrastes entre paisajes inhóspitos y grandes ciudades salpicándolos.

Esperamos que hayas disfrutado el viaje, porque solo se trataba de eso, Spasiva!